Por: Pablo Bojados Rodríguez

Existen pocas circunstancias en nuestra vida que provoquen tanto dolor en nosotros como el
fallecimiento de un ser querido. El sentimiento de desamparo, la culpa, la negación de lo ocurrido,
el enfado, la incredulidad…
El miedo a hablar de la muerte: el proceso del duelo
Existen pocas circunstancias en nuestra vida que provoquen tanto dolor en nosotros como el
fallecimiento de un ser querido. El sentimiento de desamparo, la culpa, la negación de lo ocurrido,
el enfado, la incredulidad…
Pablo Bojados Rodríguez por Pablo Bojados Rodríguez
Existen pocas circunstancias en nuestra vida que provoquen tanto dolor en nosotros como el
fallecimiento de un ser querido. El sentimiento de desamparo, la culpa, la negación de lo ocurrido,
el enfado, la incredulidad…, son algunas de las muchas vivencias que experimentamos en estos
casos.
En muchas ocasiones puede ocurrir que, en nuestro entorno más cercano, o incluso en nosotros
mismos, se toma la decisión de no compartir este dolor, y evitamos hablar de la muerte con la
esperanza de que con ello también se alivie el malestar que nos provoca.
Somos conscientes de que evitar hablar de nuestros problemas no supone una solución efectiva
para afrontarlos, y tampoco lo es evitar hablar de la muerte y de las consecuencias que provoca en
las personas que pierden a un ser querido, sobre todo cuando sentimos la necesidad de
compartirlo con nuestros allegados, pero el miedo a exponer nuestros sentimientos o a la reacción
de los demás, nos detiene.
Te animo a romper este “tema tabú” y que exploremos juntos el proceso del duelo y sus
principales características.


Procesos del duelo
El duelo es un proceso psicológico que se origina después de una pérdida, una ausencia, un
fallecimiento o un abandono. El duelo trae consigo diferentes síntomas, y su experimentación
dependerá de los factores intrínsecos de cada persona.
Bowlby (1961) y Salvarezza (1968) estructuran el proceso del duelo del siguiente modo:
Después de la pérdida, la persona que experimenta el duelo entra en un estado de desequilibrio y
se siente incrédula y aturdida. En este caso el mecanismo de defensa al que suele recurrirse es la
negación. Algunas manifestaciones más comunes en esta primera fase son el llanto, agitación e
irritabilidad, protestas y conflictos internos, desasosiego y negación de la pérdida. Buscar
culpables a su alrededor, o consigo mismo, también es una tendencia muy común.

Progresivamente, se va atenuando la conducta derivada de que la persona fallecida no esté
presente. Se busca contacto con los objetos que hayan tenido relación con la persona perdida y se
desentiende del mundo externo. Se desorganiza y puede aparecer desaliño o problemas de aseo
personal. Entramos en una fase mucho más íntima en la que focalizamos toda nuestra atención en
los recuerdos que nos unen a nuestro ser querido fallecido. Las manifestaciones que pueden
aparecer en esta fase vienen asociadas a una mayor aceptación de la pérdida. También se hacen
más evidentes y habituales los recuerdos, la necesidad de hablar sobre la persona fallecida y el
aislamiento.
La reorganización, el vínculo con los objetos internos se debilita y la persona establece vínculos
con el mundo externo. Con el tiempo los recuerdos se espacian y la persona retoma sus rutinas
diarias y costumbres. Posteriormente, otros autores recogen la estructura señalada por Bowlby y
Salvarezza, redefiniéndola y dividiendo el proceso del duelo en diferentes fases que,
progresivamente, las personas van elaborando hasta la superación de la pérdida. En este punto es
importante señalar que cada persona vive su duelo de un modo totalmente genuino, y que las
fases pueden experimentarse, o no hacerlo, con un orden o duración diferentes.
Fases del duelo
Negación
Se trata de un estado en el que evidenciamos nuestra sorpresa por lo ocurrido. La incredulidad, la
percepción de injusticia, la total incomprensión por la pérdida son algunas de las características
más distintivas de la negación. Puede suceder que, en un primer momento, sea tal el bloqueo que
no generemos ninguna emoción.
Enfado
Una vez tenemos asumida la realidad de la pérdida, una de las primeras emociones que
experimentamos es el enfado. Es el momento de dejar clara nuestra oposición por lo que está
ocurriendo y el dolor que nos causa. La emoción del enfado tiene un claro componente defensivo,
debido a la grave herida que nos provoca esta situación. Este estado nos permite comunicarnos
con los demás y pedir ayuda.
Negociación
En este momento nos acecha la idea de revertir la situación, fantaseamos con la posibilidad de dar
marcha atrás en el tiempo para recuperar a nuestro ser querido. En algunos casos podemos
acogernos con más fuerza a nuestras creencias religiosas, dispuestos a pactar con cualquier ser
divino, haciendo las promesas necesarias, para volver a estar con la persona fallecida.
Miedo y tristeza
Asumida la pérdida y la imposibilidad de revertir la situación, la emoción que nos acompaña en
esta fase es la tristeza. Tenemos una percepción incierta de nuestro futuro, una sensación de vacío
y un dolor profundo. Nos sentimos apáticos y desmotivados, por lo que cualquier tarea se vuelve
complicada y todas aquellas actividades que nos provocaban placer y bienestar ya no tienen el
mismo efecto en nosotros.

Aceptación
Llega el momento de reconstruir y retomar nuestra vida. Llegar a este punto requiere de un gran
esfuerzo por nuestra parte. No se trata de olvidar o dejar de añorar a la persona perdida, se trata
de hacer un ejercicio de aceptación de lo sucedido y, con esta nueva realidad, volver a disfrutar de
nuestra vida, teniendo presente la importancia de nuestro propio autocuidado.
Retomar nuestras rutinas, volver a conectar con nuestro entorno, buscar aquello que procura
nuestro bienestar, son aspectos que no resultan incompatibles con recordar a ese ser querido que
ya no se encuentra con nosotros.
También resulta beneficioso poder compartir nuestros recuerdos, anécdotas o situaciones
agradables que pasamos con esa persona, con los demás.
Este será el último paso de nuestro proceso de duelo.
Recuperación del duelo
Es importante tener presente que no se trata de un proceso sencillo, y que requiere del tiempo
necesario para poder asumir nuestra nueva realidad. No obstante, de las fases del duelo se
pueden extraer algunas recomendaciones que pueden ayudarnos a elaborar nuestro duelo de un
modo más adaptativo:
Aceptar la realidad de la muerte. Aceptar que ha ocurrido, que no es una realidad transitoria. Este
es un punto crucial en el proceso de duelo que nos permite avanzar en su resolución.
Sentir el dolor. Experimentar dolor, sentir, identificar y aceptar las reacciones psicológicas ante la
pérdida y afrontarla racionalmente. Las emociones resultan muy valiosas porque nos ayudan a
reconocer y a elaborar las consecuencias de la ausencia de nuestro ser querido.
Adaptarse a la nueva vida. Aprender a desenvolverse en la nueva vida. Aunque no resulta nada
sencillo, volver a incorporar, poco a poco, nuestras rutinas diarias favorecerán en gran medida la
adaptación a esta nueva realidad.
Reinvertir emocionalmente. Ser capaz de amar de nuevo, de sentir preocupación por los otros. En
definitiva, se trata de volver a conectar con los demás.

¿Tienes problemas para afrontar la pérdida de un ser querido?
Queremos ayudarte a superar la pérdida de tu ser querido. Si nos aportas más información sobre
tu situación podremos entender mejor lo que pasa en tu relación:

¿Qué crees que te impide superar la pérdida de tu ser querido?

Los recuerdos con esa persona.
Sentimientos de culpa por no haber podido despedirte.
Conflictos no resueltos con esa persona.
No haber podido estar junto a esa persona en sus últimos momentos.
No terminas de aceptar que ya no estará más en tu vida.
Consecuencias derivadas de su fallecimiento.

Y Si necesitas hablar de lo que te pasa con algún psicólogo, puedes buscar ayuda a través,
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Cuéntame como podemos ayudarte en teescucho360.com, estamos para escucharte agenda tu cita.

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